Sol
El frío invita al recogimiento, pero si yo me recojo más aún entro en una maleta de viaje de esas que no se facturan. Con neceser y todo. ¿Además, para que voy a necesitar un neceser? Si yo me ducho con escarcha y me seco con un tubo de escape. Todo me viene grande. Inmenso. Gigante.
Cualquier pequeño escalón es digno de un piolet. Y no soy un pajarito ni me persigue un gato para poder volar entre pisos. Aunque si piso a alguien, no lo nota. Suelo silbar una nota, que suele ser “sol”, porque me calienta y me seca. Aunque a veces trae nubes. Comestibles. Como la tienda de la esquina, que vende verduras y cositas ricas en bolsas bonitas.
Para bonitas, tú y tú y solamente tú. Tambien hago coros, que más que tururus, que suenan feos y pasotas, suelo hacer lalalas. Que también son una nota. Una sucesión de ellas. Como la de los Borbones y los Alcántara. Maldito apellido, que luego, con su caída de estigma social, acabó en alcantarilla. Yo nunca piso una. Tengo miedo de que se rompan y caer hasta un sitio no muy profundo pero lo necesario parra saltar y no llegar al borde. ¿Borde yo? Anda ya, si no llego ni a línea discontinua. venga, continúa, continúa....

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