Administra tu Blog

Crea tu Blog Gratis

La metamorfosis veraniega de Gregorio Samsa (y 3)

kontari @ 19:14

Esperé y esperé, tras el aguacero, ya convertido en agua clorada. Pasaron los minutos, y el día comenzó tan caluroso como el anterior. Comencé a perder la noción de mi ser, evaporada por las incontestables radiaciones solares, pero antes de una última exhalación gaseosa tuve tiempo de disfrutar del mayor goce posible.

 

 

 

Solitaria, mi quimera introdujo sus pies en la zona infantil y se sentó sobre el borde. Peleando contra otras gotas corrí a cubrirla, a masajearla, a humedecer aquellas piernas que seguro inspiraron muebles modernos con tamaña perfección.

 

 

 

Ella agradeció el refresco con una pequeña agitación sonora del agua, lo cual no supe distinguir entre un placer que buscaba mayor fogosidad o una pequeña azotaina de cargado erotismo.

Engarzando su pelo en una coleta (para que me deslizara sobre su oreja llegado el momento), fue introduciéndose poco a poco en el depósito, lo cual no hizo sino aumentar mi excitación. Manoseaba de manera sutil los tobillos y los muslos, humedeciendo sus pelos con total sumisión, mientras ella evadía el momento de ofrecerme su bikini. Cercano a un chorro de agua, no pude sino dejarme llevar por la corriente y mostrarle mi agrado en forma de burbuja.

 

 

Cuando al final depositó su entrepierna sobre la superficie, no pudo sino respingar con la frescura del agua. El cruce de nuestras humedades elevó al temperatura del termómetro, mandando pronto la máquina automática la emisión de líquidos más refrescantes. Toneladas métricas hubiera tenido que enviar la maldita, porque el colarse tras el bañador y deslizarse sobre aquella abertura que formaban las piernas (en posición de nadar a lo braza) fue lo más cerca del paraíso que estuvo nunca una unión natural.

 

 

Pronto se entregó de manera completa. Externamente yo sabía que era para refrescar su cuerpo, pero ambos entendíamos que en realidad buscaba disimular el placer. Comenzó a nadar de forma suave y relajada, escondiendo los espasmos entre los movimientos natatorios, mientras mis células se evaporaban a gran velocidad debido a la calentura de la mezcla.

Sus buceos fueron continuos y prolongados, buscando ser envuelta por lo poco que iba quedando de mi ser. Se apoyaba sobre trampolín y buscaba mi retorno lanzado por el chorro reciclado con gozo facial.

 

 

Mi última visión, antes de formar parte del vaho invisible, fue la de la señora saliendo poco a poco de la piscina, mientras recontaba a su compañera que “Es un gozo indescriptible este clima y esta piscina, y no el tormentoso día a día que vivimos en nuestra ciudad de origen. Dios, sería capaz de retiarme en este lugar. Es tan plácido …”.

 

 

Soñe que Zeus, en su eterno remix de partículas y vendavales, me enviaba a Manchester, Hull o Bristol, para desde las alturas caer con fuerza sobre el depósito de agua y volver a mostrarme, al menos una vez más, solo una vez más, a mi adorada tomando una ducha en su casa mientras yo salía de la alcachofa y la poseía de manera desmedida.

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>