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Archivo: Julio 2008

Retenciones viarias diarias

kontari 29/07/2008 @ 11:57

Aunque llegaba tarde al trabajo, conseguí coger el carril bueno en la carretera de la información. Encontré un pequeño espacio en el canal Vivir. Curiosa paradoja cuando uno va adelante y atrás echando humo como en un Tiovivo a motor. Vi la salida de “Consejos sanos”, pero como tenía prisa decidí obviar el tubo que repartía consejos sobre los masajes terapéuticos entre anuncios de contactos.

Tras llegar a la rotonda siempre embotellada donde confluyen los viales “radiofórmula” e “información general”, la corriente me llevaba hacia el barrio de Ocio sin remisión. Tuve que frenar y dar marcha atrás para coger el vial “Bolsa y Negocios”. Pocos días quedaban para mis vacaciones, pero aún había cosas que hacer.

Ya en el trabajo subí arriba y abajo, como todos los días, en el monocarril “Hilo Musical”. Con el tiempo, uno se acostumbraba a no escuchar los chirridos y choques de fricción que producía la sucesión casi infinita de aquellos monótonos vagones.

La jornada veraniega pasó rauda, y tras incorporarme a la Nacional “Chascarrillos” hasta casa, encendí la tele buscando diluir un par de sinsabores sufridos durante el día.

Click,click,click. Demasiadas carreteras con luminosos escabrosos. Pararé en esa estación de servicio. Vaya, está llena de viajeros ocupados y stressantes. Probaré en las autopistas de peaje. Nada. Bonitas vistas, pero igual de insustanciales.

Empecé a dormirme, y aún despierto soñaba con el libre desplazamiento. Algo negado sistemáticamente por las autoridades. “Aumentarán los choques. No podemos poner desvíos en cada sitio que desees salir. Buscaremos más anchura para los caminos, pero deberemos ir todos por ellos. Es lo mejor para todos

Los granos vienen y van

kontari 28/07/2008 @ 14:00

Sujetando el puño de arena con las manos, veía como iban cayendo los granos. Algunos, despistados, conseguían volver al redil. Aunque era imposible saber si eran los mismos de antes, si eran nuevos, o si habían mutado en la ausencia.

Solo en el atardecer lluvioso, miraba al horizonte sentado. Abría la mano, y dejaba caer la cosecha. No toda. Varias decenas de brillantes puntos pedregosos se quedaban adheridos a su palma. Operación que daba idénticos resultados cada vez que la realizaba.

No sabía porque, pero echaba de menos a los que caían a la playa. Sobre todo, a aquellos cuyo salto al vacio y posterior alejamiento había sido por causas inexplicables o mal razonadas o aparenbtemente simples y sinceras o...

De pequeño le enseñaron que con la verdad y la sinceridad se llegaba a todas partes. Lástima que de mayor viera que aquello era una puta mentira.

Los granos emigraban sin un mal saludo que echarse a la cara. Poca y mala medicina había para curar aquella tristeza. Hincar la mano de nuevo en la arena, cerrar la mano y abrazar a los recién llegados con todo el cariño posible. Hasta la próxima tormenta

Firmado: kontari

Dibujos pasados

loveof74 22/07/2008 @ 16:36

En una tarde brumosa de playa, la niña cogió un palito y se puso a dibujar sobre la arena de la playa en un inmenso telesketch.

Barquitos y peces, y la isla que veía enfrente. Luego torres y parques, como donde vivía.

Dibujó un coche grande con varias cabezas dentro. Un señor que pasaba cerca la miró extrañada pensando que aquello era un coche funerario familiar, a lo que la niña respondió “¿Usted no viaja en autobús?”.

Su madre charlaba animosamente con otra madre allí presente que esta vez viajaba sin hijito a la arena. Pronto el lápiz de madera se paró. Unas gaviotas habían comenzado a posarse sobre la torre más alta de las dibujadas, convirtiendo el lienzo en una especie de king kong de ratas del aire.

Puso su nombre en pequeñito, ensayando para la gran obra. Le gustó. Comenzó a dibujarlo más grande. Despacito. Letra a letra y sin correr. 2 vocales y dos consonantes. La orilla estaba lejos, y allí iba a seguir durante muchas horas.

Acabada su obra magna, y mientras se veía bajo los flashes como en ese programa de la tele de tarde al que su madre condenaba su merienda día sí y día también, miraba al horizonte poniendo poses de niñas mayor.

No habían pasado ni diez minutos cuando se escuchó un ensordecedor ruido de fondo y un fogonazo inmenso. La madre giró rápidamente su cabeza hacia donde estaba la niña. No quedaba ni el polvo de la sombra. Había desaparecido.

Mientras se alejaba a miles de kilómetros por hora la niña montada en un supersónico pudo escuchar el grito de su madre llamándola. Unos señores con muchas estrellas en el pecho (“¿será así el cielo?”, pensó la criatura) le hacían preguntas con las cejas acercándose peligrosamente entre ellas. Ella les indicaba que no tenía ningún problema de oído, así que no entendía el por qué de aquellos gritos.

Hablaban de que se iba a pasar mucho tiempo sin ver a su familia ni poder jugar en el parque. “Más que cuando duermo?”, les preguntó ella. Pero ellos no reían.

Mientras seguían sobrevolando el gran país, ella puedo escuchar cómo uno de sus compañeros de viaje le decía al otro: “la condena será dura, pobre niña. Aunque no sepa ni entienda a estas edades, la ley que impide mostrar en público y defender los valores olvidados caerá sobre ella con todo su peso”.

Ella no lo entendió entonces. Tan sólo quería volver a la playa y acabar su moldeado más grande. Parecía terminada a ojos insensibles, pero le faltaba el punto final a su nombre: “Amor.

Fdo: Kontari

Froga! froga! (igel baten kanta)

loveof74 22/07/2008 @ 16:34

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